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Esta imagen es de Jesús mientras yacía en el sepulcro.


En su Pasión, Jesucristo sufrió enormemente por los pecados de la humanidad. Llevó la corona de espinas, fue azotado en la columna y se le infligieron las Cinco Santas Llagas. Si bien la mayoría de los católicos las conocen, pocos conocen la llaga del hombro de Jesús y la historia milagrosa que subyace a su devoción.


La tradición cuenta que mientras Jesús caminaba los cinco kilómetros desde el patio de Poncio Pilato hasta su crucifixión en el Calvario, la cruz le atravesó el hombro, desgarrando la carne del hueso. Según una piadosa leyenda, San Bernardo de Claraval oró y le preguntó a Cristo cuál era su mayor sufrimiento desconocido y qué herida sufrió en su Pasión fue la más dolorosa. Cristo le respondió:


“Tenía sobre mi hombro, mientras llevaba mi cruz en el Camino de los Dolores, una herida dolorosa, más dolorosa que las otras, y que no está registrada por los hombres.”


Cristo pidió que San Bernardo y otros fieles mantuvieran la devoción a la herida de su hombro, y que quienes lo hicieran recibirían la gracia de Dios.


Oración de San Bernardo


Oh, amado Jesús, manso Cordero de Dios, yo, miserable pecador, saludo y adoro la santísima llaga de tu hombro, sobre la que soportaste tu pesada cruz, que desgarró tu carne y desnudó tus huesos, infligiéndote una angustia mayor que cualquier otra llaga de tu Santísimo Cuerpo. Te adoro, oh Jesús dolorosísimo; te alabo, te glorifico y te doy gracias por esta santísima y dolorosa llaga, suplicándote por ese inmenso dolor y por el peso aplastante de tu pesada cruz, que tengas misericordia de mí, pecador, que me perdones todos mis pecados mortales y veniales y me conduzcas al Cielo por el camino de tu cruz. Amén.

Jesús yace en la tumba

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